miércoles, 21 de diciembre de 2011

GLORIA, GLORIA

¡Gloria, Gloria!

“Gloria a Dios en el cielo
Y en la tierra paz a los hombres
Nacidos de su amor.


Es Navidad, celebramos el nacimiento hace 2011 años del maestro de la paz. El vino desde la presencia del Padre para anunciar la paz, la paz de Dios, la que el mundo no puede dar. Es la paz de nuestra verdad fundamental: hemos nacido hijos amados del Padre para heredar su reino, la vida eterna. Estamos en esta tierra camino del cielo, de la paz eterna, de la alegría sin fin, del amor incomparable.
Es verdad que estamos de camino, es verdad que el camino puede ser a veces incómodo, Pero, si miramos adónde vamos, comprenderemos con gran alivio que podemos hacerlo cantando y bailando, sin necesidad alguna de llorar, pues que vamos a la vida sin ocaso.
Obviamente, si usted está leyendo estas líneas es que ha nacido en esta tierra donde todavía vive. El nació para explicarnos que no hay nada que temer, que el Padre se ha complacido en darnos participación en su reino de luz eterna. Entonces es usted alguien indeciblemente dichoso: pudo no nacer, pero nació, y ahora, ya nacido, solo tiene por delante la vida feliz en la eternidad de Dios que le ama como a hijo suyo.
Si usted lee esto, pero no es cristiano, ni siquiera creyente, no se preocupe. El Hijo Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, y en esos días nos dejó aclarado que él no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo. Soy ahora feliz al pensar que usted y yo tendremos una eternidad para celebrarlo.

FELIZ NAVIDAD






martes, 6 de diciembre de 2011

SIEMPRE HAY ALIVIO




Muchas experiencias nos muestran a lo largo de la vida que siempre no es posible estar en un estado de paz y bienestar, de alegría y amor. Muchas veces experimentamos que diversos acontecimientos nos afectan sin que podamos evitar un sordo sufrimiento. Otras veces, sin causas aparentes, nos sentimos mal. Obviamente el ser humano es un organismo sumamente complejo, en el que las relaciones cuerpo- mente son extrañamente exquisitas. Así es que muchas personas se abandonan a la idea de que sentirse mal es natural, y lo hacen cotidiano; se dan muy poco tiempo para sentirse a gusto; escogen la queja como estilo de vida, se vuelven buscadores de cosas feas, y con increíble certeza las encuentran. Su mundo se torna oscuro y doloroso.
Sin embargo, siempre hay alivio, siempre es posible remontar esas situaciones interiores negativas y volver al bienestar interior, a la paz. Una vieja canción decía que quien no sabe de penas, no sebe de cosas buenas. Otros dijeron que detrás de la tormenta viene la calma. ¿Somos o no somos dueños de lo que sentimos? Podemos salir de la tormenta, eso es lo definitivo.
La sabiduría consiste en alcanzar esa meta tan alta de sentirnos espiritualmente bien, incluso cuando nos sentimos mal. Por eso es bueno vivir con la certeza de que siempre podremos encontrar un alivio, creer que cada problema objetivo, es un desafío para nuestra vida, pero no una derrota; razonar que los estados anímicos cambiantes muestran una zona de nuestro ser limitado, y aprovechar esas circunstancias para aprender más de nosotros, para lograr una mayor estabilidad. Muchos sabios han buscado la imperturbabilidad, pocos la han encontrado. Se sabe dónde está, pero nos cuesta llegar al lugar donde se esconde. Se llama desapego. Para estar feliz no necesito nada, ni estar bien ni estar mal. Me basta con estar ahí siendo. Dicho de otra manera, a lo clásico, no siendo, desapareciendo de ahí.

lunes, 14 de noviembre de 2011

LA MÚSICA



Puede ser muy aburrida la rutina de levantarse por la mañana, asearse, desayunar algo, ir al trabajo, comer, regresar a casa y, ya cansado, acostarse para mañana hacer lo mismo. Ciertamente, durante este programa diario, se encuentran diversas personas, casi siempre las mismas palabras, los mismos gestos; el resultado final del mes es agotamiento, cansancio, aburrimiento, hastío, finalmente una pobreza sorda y oscura. Es una vida triste, absurda, de la que hay que escapar de alguna forma. Es la necesidad de divertirse, de apartarse de eso cotidiano, y darle a la existencia un toque nuevo. Y, luego, fatalmente, volver a la misma rutina de siempre.
Y llenar este inmenso vacío de quejas, críticas, mal humor, violencia, desagrado, rudeza, y así no solo atormentar la propia vida, sino también la ajena. ¿Y qué se puede hacer? La primera observación es que a todos les pasa lo mismo. No hay adonde escapar. Así es la vida. Un día se encuentra una persona feliz, que siempre lleva una extraña alegría consigo. Se trata de un loco o una loca, se comenta. En este mundo no hay felicidad. Si fuera una minoría quienes piensan así, quizá no habría que preocuparse, pero es la inmensa mayoría de la humanidad quienes tienen esa percepción tan negativa.
Vamos a entrar en una habitación en la que pequeñas bocinas se ocultan en las paredes, se oye el sonido, pero no se ve nada más que las paredes, en ellas no se ven altavoces de ninguna clase. Podríamos hacer dos suposiciones, que la música se refleja en las paredes sin que podamos saber de dónde, o que la música sale de dentro de las paredes. Si miramos hacia los arreadores, nunca sabremos de donde viene el sonido por más lejos que vayamos; si miramos dentro de las paredes, podríamos descubrir las bocinas y saber de dónde vienen los sonidos. Así la felicidad, suena dentro de nosotros y sólo si miramos dentro de nosotros, oiremos su risa. Entones todo se vuelve felicidad, despertar, trabajar, comer, encontrar a los seres queridos, y mañana volver a hacer lo mismo, pero con una música nueva cada hora. Porque una extraña música, siempre nueva, resuena dentro de nuestras paredes.

sábado, 12 de noviembre de 2011

UN MILAGRO DE FELICIDAD



Oír cosas de felicidad, hablar de felicidad, escribir sobre felicidad, puede ser muy interesante, pero verla, compartirla, sentirla, es realmente un privilegio. Confirmar que la felicidad es amor y ver el amor entre los esposos, los padres y los hijos, y los amigos, es una experiencia divina,
En días pasados tuve el privilegio de participar en le la XV asamblea general del Movimiento Familiar Cristiano (MFC), que tuvo lugar en la ciudad de La Falda, Córdoba, en Argentina. Se reunieron allí alrededor de 30 parejas, los matrimonios presidentes del MFC de cada país latinoamericano y algunos otros. La Falda es una ciudad de cuentos de hadas, colgada de dos cimas, llena de verde, de paz, de luz, te abraza en su silencio.
Allí pude ver en vivo y directo el amor de las parejas, sin fingimiento, sin artificio. Allí observé la ternura con que se relacionaban, el respeto con que se trataban. Algunas parejas ya podía ser abuelos, otras eran más jóvenes, a todas las estudié con tanta atención como discreción. Fue muy revelador ver rostros de profunda felicidad, tratos de exquisita sensibilidad. Las miradas siempre llenas de ternura, de verdad, de amor.
Me acerqué a una pareja de mediana edad y les pregunté por sus hijos, tenían cuatro, el mayor ya de 20 años, y me añadieron, sin que yo lo preguntara, que eran una familia armoniosa, unida. ¿Feliz?, les pregunté. Si me hubiesen dicho que no, no los hubiese creído; sus rostros, el brillo de sus ojos, decían que eran una familia muy feliz.
Para eso trabaja el MFC, para ayudar a las parejas, a los padres, a los hijos, a ser personas amorosas, unidas, felices. A un esposo pregunté: ¿Cree usted que las rupturas entre matrimonios se debe fundamentalmente a la falta de educación con la que ellos se tratan? Su respuesta fue tajante: ”Yo diría que exclusivamente, si nos queremos y nos respetamos no puede haber separación”. El amor nació para crecer, añadí yo.
Fue un privilegio asistir a esta asamblea, donde la madurez y la realización se manifestaban tan esplendorosamente. La felicidad era tanta que yo me traje un poco conmigo. Ahora, al compartirla con ustedes, siento que se me aumenta. Tan fácil como eso: un hogar puede estar lleno de felicidad con que solamente nadie falte el respeto al otro, con solo un poco de educación.

jueves, 20 de octubre de 2011

Una indecible felicidad




Existe una trascendente e inmensa felicidad para los matrimonios en su función de padres, descubrirla es dichoso sobre toda ponderación. Los invito a reflexionar sobre ello. Cuando es engendrado y nace un niño, una niña, ha ocurrido algo sumamente grandioso. Ha nacido un nuevo ser humano para conservar la humanidad y acrecentarla. Pero mucho más allá de eso, le ha nacido un hijo a Dios, un heredero de su gloria, un huésped de la eternidad, una nueva luz inextinguible brilla en el cielo para siempre.
Decimos en el Credo: “Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso Creador” Jesús nos enseñó a llamarlo “Padre Nuestro”. ¿Padre de quiénes? De todos los seres humanos que en la tierra han existido, existen y existirán. Santa Teresita lloraba emocionada al pensar que efectivamente Dios es Padre. Ustedes, matrimonios, cuando tienen un hijo piensen que ese niño es hijo de Dios, de Dios Creador, Padre todopoderoso. Ustedes lo aman, pero Dios Padre lo ama más. No puede haber nada más bello ni más sublime que dar hijos a Dios que es poderoso, que es el Sumo Bien.
Haber nacido en esta tierra es absolutamente maravilloso por aquella increíble razón de que se nace hijo de Dios. También los padres son hijos de Dios, benditos de Dios. Entonces, ustedes, padres, son doblemente felices, porque nacieron hijos de Dios, el Sumo Bien, el Amor infinito, y porque los hijos que han tenido son también hijos de Dios. Esta realidad está por encima de toda situación. Cualquiera que haya sido la situación en que han nacido los hijos, sin excepción ninguna, han nacido hijos amados de Dios. Nadie ha nacido nunca bajo la ira de Dios, simplemente porque es el Sumo y Eterno Bien. En él no existe irá, sino amor.
Desde nuestro escaso saber que tantas veces es no saber, debemos tener por cierto que los hijos han nacido amados de Dios. Pero queda otra ignorancia perturbadora: ¿Qué será de ellos? Nuestra fe tiene una hermosa respuesta. Terminamos el Credo diciendo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. ¿Qué será de los hijos que han engendrado? Finalmente, y para toda la eternidad, ellos habrán resucitado y entrado en la vida del mundo futuro.
Quiero que sigamos reflexionando juntos. Muchas veces han escuchado hablar de la condenación eterna, del infierno, de sufrimientos espantosos que jamás cesarán. ¿Les gustaría a ustedes, padres, ver a un hijo suyo sufriendo eternamente en el infierno? De haberlo sabido, ¿lo hubieran engendrado? Yo creo que no. San Pedro nos dice en una de sus cartas, la voluntad de Dios es que todos se salven. Entonces, aquel Padre que es el Bien Sumo, el amor infinito, ¿podrá El condenar a penas eternas a sus hijos, sea por lo que sea? ¿Lo harías tú, papá? ¿Lo harías tu, mamá? Yo creo que no. Ustedes no son mejores que Dios. Tampoco lo
hará Dios, el mejor posible de todos los padres y todas las madres.
Ustedes, matrimonios, llamados a ser padres, no traerán otros seres humanos a la vida para que un día paren en el infierno espantoso. No, esa no es su fatalidad, ustedes traen hombres y mujeres a la existencia para que un día resuciten y entren en la vida del mundo futuro. Ustedes no pueden hacerlo, es Dios quien lo puede hacer y lo hará porque es padre nuestro. ¡Qué horror sería engendrar hijos para la condenación eterna! Pero, ¡qué felicidad tan grande engendrar hijos para la gloria eterna!
Nosotros no podemos dirigir la vida de los hijos, no somos padres todopoderosos. Sí lo es, en cambio, el Padre que está en el cielo. Miren sus hijos y digan: un día los veremos en la eterna gloria de Dios Padre, sin que pueda ser de otra forma. En esa luz de eternidad vivan la gracia de ser padres de familia.

viernes, 7 de octubre de 2011

ESTA VIDA

Esta vida, sí, esta vida humana, la que en esta tierra, comienza un día y termina otro. Esta vida ha recibido muchos calificativos. Se la ha llamado “perra”, esta perra vida; se la ha llamado “triste, esta triste vida; se la ha llamado “loca”, esta vida loca. Se nos ha dicho que hay que vivirla, “vivir la vida”; se nos ha dicho que es algo “perdido”, algo que se ha empleado tan mal que es como si no se hubiese vivido. Y cualquiera que desee saber qué se quiere decir con esas frases, verá que se quiere decir que vivir la vida es entrar en la ronda de todos los vicios, que quien no lo ha probado todo, todo lo vicioso, no ha vivida lo vida.
También esta vida es engañosa, te promete y luego te falla. Te casas con la mujer más bella y piensas que serás muy feliz; después los celos y los hechos reales, te llevan a la angustia, al odio, a la separación, a la tristeza. No necesito decir nada más, ustedes saben cómo es esta perra, triste y loca vida. Pues bien, esta misma vida puede hacerse increíblemente feliz. ¿Deseas saber cómo?
Sobre cómo hacer la vida feliz hay muchas teorías, infinidad de consejos, innumerables recetas. La verdad es una sola: en esta tierra no existe cosa alguna que pueda hacer feliz la vida. No, amigo mío, no. Nada puede hacer feliz tu vida. Y tampoco hace falta que exista ¿Sabes por qué?
La vida por sí misma, ella sola, sin absolutamente nada más que ella misma, es totalmente feliz. Si le pones condimentos, la echas a perder. Los placeres no te harán feliz, los sufrimientos tampoco; la salud no te hará feliz, ni menos la enfermedad. San Juan de la Cruz lo dijo así. “Y cuando lo vengas todo a tener/ has de tenerlo sin nada querer” (Subida del Monte Carmelo, libro 1, capítulo 13, 12).
Puedes hacer lo que quieras, pero comprobarás que cuando comienzas a querer algo, en ese mismo tiempo comienzas a sufrir. ¿Cómo puede ser? Es imposible vivir sin querer algo. Pues, sí, así parece, pero esta loca, triste y perra vida solamente es feliz por ella misma y solo por ella misma.
Creo que por esta causa hay tan poca gente feliz en el mundo. Tener no te hace feliz, simplemente vivir, solo vivir, sin querer nada, te hace feliz. Simple como una rosa

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Sumo Bien



El Sumo Bien.
“¡Oh. Señor, qué dulce será para mi tu presencia,
que eres sumo bien!”

Los que creemos en Dios, el Sumo Bien, tenemos la oportunidad de llenar nuestra conciencia con su presencia. Ya sé que este mundo en que vivimos, es como es. Pero, en realidad, vivimos en la presencia del Sumo Bien. Cuando digo “Creo en un solo Dios Padre todopoderoso creador”, puedo sentir que su presencia lo llena todo, como creador, como padre, como todopoderoso. Cuando lo hago, siento my extrañamente una indescriptible ternura, una presencia tan suave y amorosa, como nadie la puede causar. Lo divino es tan inefablemente delicado, como pudiera ser el beso de un ángel que besara tu corazón a través del pétalo de una rosa.
Para muchas personas, Dios es un almacén donde van a pedir todo lo que les falta y siempre está vacío. También existen personas para las cuales Dios es el controlador de los acontecimientos y esperan que las cosas les sean favorables porque ellos las han puesto en manos de Dios. Muchas veces resultan decepcionadas. Cuando dicen Dios están pensando en otra cosa y su corazón se queda vacío. Dios es entonces un silencio frío, una ausencia aterradora. Dios es el creador, el origen primero, la meta última. Todo lo que tú necesitas lo tienes dado desde siempre. Lo que tú crees que necesitas, no siempre es verdad y no lo tienes dado.
Cuando piensas en este universo inabarcable y tú dentro de él, puedes darte cuenta de que aquella flor que viste al pasar la puso Él allí para alegrar tus ojos sin que nunca se lo pidieras. No tienes nada que pedir, solo infinitamente mucho que agradecer.
Entonces su presencia será dulce para ti, como la presencia del Sumo Bien.
Podrás experimentar la mayor felicidad con la que puede soñarse.

martes, 13 de septiembre de 2011

APRENDE A USAR TU FE

Es verdad que el mundo humano está lleno de dolor y de experiencias negativas. Crece la violencia, la inseguridad, las crisis se suceden unas a otras. Pero esta mañana en el jardín las flores se abrieron gloriosas, los pájaros cantaron sus antiguas canciones con el mismo color. En el cielo se hizo día y el sol brilló como de costumbre, como si nada estuviera desajustado. Los alimentos tenían su sabor, las manzanas, o las peras, o los caimitos, sabían igual que ayer. Todas esas cosas, muchísimas más, están ahí creadas por Dios no solo para tu beneficio, sino también para tu agrado.
Todavía, gracias sean dadas a Dios, puedes ser feliz con el disfrute de la naturaleza, de cada cosa que llegue a tu vecindad. Tenemos, claro está, necesidad de agua y todavía existe agua, necesidad de respirar y todavía queda aire puro; también quizá podamos hallar unos minutos sosegados para respirar y sentir la vida, la extraña alegría de vivir; muchas veces tendremos sed y será delicioso tomar un vaso de agua fresca. También ello es un don de Dios.
Si miramos bien la realidad, podemos observar la armonía que existe entre las cosas y nosotros y, aunque es cierto que hemos llenado la tierra de incomodidades, también es verdad que se han desarrollado otras que nos prestan valiosos servicios. Todo lo desarrollado por el hombre a partir de la naturaleza creada por Dios, está ahí como don divino, y está ahí para su felicidad. No le pase por encima, deténgase un instante y reflexione. ¡Qué encantador aparato, la computadora, en la que lees estas consideraciones! Ahora yo, que escribo en ella pensando en ti, siento una hermosa satisfacción por la obra de Dios que lo hizo posible para que, no importa la distancia, tú y yo nos comuniquemos. Quizá han sucedido hoy cosas terribles, es muy probable. Desde mi fe te quiero decir amorosamente, todo ello es camino a la gloria de Dios.
Sería muy bueno aprender a usar nuestra fe para ver la presencia divina en cada objeto que se pone en contacto con nosotros. Como si Dios nos estuviera haciendo una visita en cada realidad que hallamos en este mundo en que nacimos, en el ala del tiempo, para volar a lo eterno. Con cada c osa que entra en tu vida puedes ser feliz. Ese es el deseo de Dios. Y también, me inclino a creer, que el tuyo.

martes, 30 de agosto de 2011

APRENDA A USAR LA FE



Muchas personas creen que tienen toda la razón del mundo para sentirse molestas cuando las cosas no suceden como ellas esperaban. Esta creencia implica una posición falta de inteligencia, no es verdad de ninguna manera, es absolutamente falso que nadie tenga que sufrir por razón de que las cosas sean de otra manera a como se había proyectado.
Lo verdaderamente razonable es aceptar los acontecimientos tales y como son y ser felices con ellos. Si lo sucedido es la muerte de alguien querido, no ha sido una desgracia, sino el cumplimiento de una meta y, para nosotros los cristianos, la llegada a la vida plena en la gloria de Dios, y eso debe ser un motivo de honda alegría.
Muchas personas se sienten muy solas después de la muerte de un familiar o un amigo. Hablan del vacío que ha dejado. Ya no está aquí, dicen. Para ellos es imposible experimentar felicidad alguna en esos momentos. Así es de hecho para muchas personas, es innegable. Cuando yo recibo la noticia de la muerte de personas que me han estado unidas, las siento con Dios en el cielo y como el cielo está en todas partes las siento cerca de mí. Sé que un día estaré yo también en esa luz eterna de infinita paz y amor.
Cuando un corredor de maratón entra en el estadio, todos se ponen de pie y aplauden. Quizá la vida sea una carrera maratónica, que termina felizmente en la meta del estadio. Nos ponemos de pie y aplaudimos. Lo que sucede es que nuestra cultura cristiana se quedó con el culto a los muertos y la incertidumbre de su salvación; ¿cielo, purgatorio, infierno? Quizá el corredor no pudo entrar en el estadio, se quedó fuera; y ahora sólo queda llorar.
Use su inteligencia, vea las cosas de otro modo. Creemos en un solo Dios Padre Todopoderoso. Nada podrá apartarnos de su amor, ni nosotros mismos. La muerte es la entrada a una vida eternamente feliz en la luz de Dios, nuestro Padre. Nada tiene que ser triste para los que creen en Dios. Ni la vida ni la muerte. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

lunes, 15 de agosto de 2011

DISFRUTE LA HUMANIDAD

Indudablemente los seres humanos son como son: si lanzamos una mirada sobre toda la tierra, veremos en todas partes magníficas obras construidas por los hombres, bellas, grandiosas. También es verdad que encontraremos ruinas, construcciones magníficas destruidas por la acción del hombre. También es verdad. Pero esas ruinas gloriosas todavía hoy nos hablan de la grandeza humana, de la genialidad de sus constructores.
Si registramos la historia encontramos grandes seres humanos, honestos, heroicos, generosos, inteligentes, creadores. Sí, claro, pero también canallas, asesinos, destructores. Encontrarás belleza y fealdad, eso es así. En tu poder está decidir en qué te vas a fijar, y ello determinará lo que veas. Reflexionas y dices que hay que verlo todo, lo bueno y lo malo. Hay que ser realistas.
Es posible que Dios no sea realista, cuando miró toda la creación terminada dijo que todo era muy bueno. O quizá es que existe otra manera de ver, aún más real, que todo lo ve bueno. Es cuando se mira con suficiente amor, con mucho amor, como mira Dios. En cierta ocasión, cuando fue revisada y compensada mi visión y salí a la calle, todo apareció luminoso, bello, marcado con líneas perfectamente definidas, los colores brillantes, la misma calle parecía otra. El problema no estaba en la realidad, estaba en mis ojos afectados.
El secreto está en mirar el mundo y a los demás con ojos perfectos, es decir, con mucho amor. Usemos nuestra inteligencia. Necesariamente tenemos que encontrarnos

con otras personas, tratarlas, o simplemente verlas, sentirlas cerca. Podemos verlas con amor, y será maravilloso, o con desprecio e indiferencia, y será triste. Existe una enorme grandeza en la humanidad, lo único inteligente que podemos hacer es apreciarla y disfrutarla. Y todo lo feo y malo es efecto del hecho de mirar sin amor. Usted tiene corazón, cierto; los otros también tienen su corazón. Quizá sea necesario aprender a mirar más allá, al corazón de todos y cada uno, ver su corazón, quizá lleno de dolor, pero nacido para amar. Entonces será feliz, muy feliz, mirar el corazón de los otros, hombres y mujeres de la humanidad.
Disfrute la humanidad. Sea feliz.

lunes, 1 de agosto de 2011

USE SU INTELIGENCIA


Usted está rodeado de personas, familiares, amigos, compañeros de trabajo, incluso de personas desconocidas con las que se encuentra ocasionalmente. Frente a ellas usted puede usar su inteligencia para encontrar sus defectos, cualquier cosa desagradable. Usted, además, presume de ello. Es una actitud, usted es un buscador de faltas.
También puede hacer lo contrario, dirigir su inteligencia a buscar la positividad de aquellas personas con las que tiene relación. Ve sus rasgos amables, su originalidad, su ser diferentes y lo aprecia y goza. Es otra actitud, usted es un buscador de amor.
Aquí está el misterio del uso de su inteligencia. Si usted dirige su inteligencia detectar defectos, los descubrirá en todas partes. Pero eso no le producirá ninguna felicidad, sino todo lo contrario. Usted tendrá razón, estará en la verdad, porque los defectos existen, son un hecho, están ahí. Si usted emplea su inteligencia en buscar defectos, los hallará, Con toda razón señalará las situaciones defectuosas, negativas. Usted ahora emplea su inteligencia para convencerse y convencer a los demás a los demás de esas verdades. Pero eso solamente le aportará tristeza, mal humor, disgusto. Buscar faltas sólo le puede servir para sentirse mal. Hace usted un mal negocio con el uso que le está dando a su inteligencia.
Yo quiero suponer ahora que usted vive con sus familiares, la gente más extraña e inconforme del mundo, siempre están de mal humor, nunca son complacientes. Si usted usa su inteligencia de forma positiva, puede descubrir lo simpático que puede haber en cada uno. Obviamente son personas infelices, pero usted las elige como maestros de lo que no debe hacerse, y crea una fuerza positiva que va atrayendo poco a poco a unos y otros a tomar actitudes más positivas. Con eso usted es feliz y sus familiares comienzan a serlo. Para eso necesita hacer un uso excelente de su inteligencia. Le confirmo que vale la pena.

jueves, 28 de julio de 2011

Volver a casa



La felicidad de volver a casa.

Cuando se pasan semanas fuera de casa, volver a ella es unan felicidad muy especial. Ciertamente, existen personas que no aciertan a transformar su hogar en un lugar feliz, por una razón u otra su casa no es un sitio feliz. Las relaciones con las personas con las que convive no son felices, sino tirantes, molestas, dolorosas, a veces violentas.
Si se analiza esta situación, se encuentra que el motivo principal de la mala relación es siempre una intolerancia que impide aceptar al otro como es. Entonces se toma la falsa alternativa de estar siempre criticándolo, hiriéndolo, quizá hasta con una intención aparentemente correcta, la de querer ayudarlo. Así se crea una tensión desagradable que convierte en triste y amarga el estar en la propia casa de uno.
Realmente, lo que sucede es que se ha dado más importancia a otros elementos, dejando relegada la felicidad en un lugar secundario. Se entiende que existen cosas más importantes que ser felices, y se relega la felicidad a una posición irrelevante. Ni hay, ni puede haber, nada tan importante como el hecho de que el propio hogar sea un lugar de felicidad.
Debe ser intensamente feliz que el esposo se encuentre con su esposa y ella con él, los padres con los hijos, los nietos con los abuelos, los hermanos con los hermanos. Este universo familiar exige por su propia razón de existir ser un mundo feliz, al que siempre se vuelve con agrado, con felicidad. Cuando es así, no existe nada más feliz que volver a casa.

viernes, 24 de junio de 2011

Encuentros Felices

Encuentros felices.
Usted se fue de vacaciones y se encontró con sus familiares, con viejos amigos, con paisajes ya olvidados que renacen en su mente ahorarenovados y luminosos. También pudo ir de vacaciones a lugares desconocidos en los que no existe nadie familiar o amigo suyo. Está ante lo desconocido. La emoción ahora es descubrir lo nuevo, quizá lo maravilloso.
Son situaciones llenas de oportunidades para ser feliz, pero usted las puede volver tristes, desdichadas, si toma una posición negativa. Un caso, entre miles, podría ser el siguiente. Usted vive rodeado de comodidades en un medio desarrollado y viaja a visitar unos parientes que viven en un nivel de vida inferior como parte de sus vacaciones. Pronto nota en vivo y directo las diferencias y comienza a tomar posiciones críticas, y a lamentarse de las incomodidades, a resentir la situación, y termina siendo infeliz, sin percibir el cariño de aquellas personas sencillas, ajeno a los gestos de exquisita humanidad, al aprecio y bondad con le expresan. Usted perdió la oportunidad de disfrutar una especial felicidad.
Sucede a veces que algunos individuos quieren vivir sus vacaciones con la mayor intensidad posible, se entregan a toda clase de actividades, se fatigan, se cansan, se molestan y resultan desagradables, rompen el ritmo de sus familiares o amigos y sólo consiguen estar malhumorados. Allí donde usted vaya, descubra lo positivo que siempre existe, y ande a marcha lenta. Disfrute esos encuentros que pueden ser muy felices.

miércoles, 8 de junio de 2011

Vacaciones

miércoles 8 de junio de 2011Felices vacaciones
Supuestamente, se entiende, que unos días de vacaciones sean felices. Pero se pueden volver desagradables, si se condicionan mucho. ¡Qué bueno, vamos a la playa! Y a esa hora, de ese día, llueve, se pone feo todo, ni sol, ni luz, ni belleza, solamente una lluvia pertinaz y persistente. No, no señor, el día no se ha perdido, la alegría no tiene que irse. Simplemente, se camabia el proyecto del día, se ajusta, se hace otra cosa. Aquí está el gran problema: no, por que usted quería ir a lam playe en un día esplendoroso y no es posible. El malestar, la infelicidad, proviene de que usted quería una cosas y hay otra inevitablmente. Un viejo principio dice: vive el presente, disfruta lo que ahora existe ante ti.
Si es que va a ser feliz, si decide ser feliz, sea con lo que ahora tiene

Yo me voy de vacaciones. Espero pasarlas de perlas.

Publicado por Marciano en 15:41

lunes, 9 de mayo de 2011

USTED PUEDE SER FELIZ

Usted puede ser feliz si quiere serlo, porque su felicidad está guardada dentro de usted mismo, en un lugar hondo de su interioridad, tan apartado y seguro que nadie ni nada puede impedir su existencia y disfrute. A usted le gusta la música y la disfruta, por eso no basta para la felicidad; a usted le gusta la bebida y la disfruta, pero sólo logra ser más infeliz; a usted le gusta el sexo y lo practica todo lo que puede, pero cada día es más infeliz.
Y después usted se pone a decir que la felicidad no existe, Por todas partes usted afirma que ha hecho de todo para ser feliz, pero no lo ha logrado, sino en escasos momentos, Usted es una persona muy rica, maneja millones, pero tampoco es feliz. Usted dedica gran parte de su tiempo y su dinero a viajar por el mundo, pero tampoco es feliz. Y usted, que viaja por todo el mundo, dice que la felicidad no existe en ninguna parte.
Efectivamente, la felicidad no existe en ninguna parte, en ninguna actividad, en ninguna compañía, en ninguna circunstancia. Pero la felicidad existe y es maravillosa. ¿Dónde está, por favor? En primera lugar, para mejor decirlo, no está en ninguna realidad que esté afuera. de su piel No está en nada de lo que existe fuera de usted. Tampoco está en lo que usted haga, no está en sus acciones. No está en sus pensamientos, ni sentimientos, ni emociones, ni pasiones.
¿Dónde está pues la felicidad? Por sorprendente que le parezca, está en el ser que usted es, está en su propio ser. Lo que sucede es que usted se pasa todo su tiempo mirando cualquier cosa, menos su ser. Si alguna vez le pone atención, es tan superficialmente, que no lo capta en su profundidad. Estamos de acuerdo que la felicidad no está en la exterioridad de su ser, sino en la más honda interioridad del ser que usted es. Muy escondida, muy lejana de la superficie. ¿Sabe por qué?
La divina Sabiduría nos hizo de tal manera que lo mejor de nosotros, nuestra felicidad, estuviera tan segura que nadie la pudiera robar, ni impedir, ni turbar, ni siquiera nuestros pensamientos, ni nuestras reacciones. Solo la intuición directa, personal, muy atenta y cultivada, nos puede revelar el ser que somos. En esa intuición del ser que somos se nos hace consciente una casi infinita felicidad. Entonces comprendemos con absoluta claridad que para eso, para disfrutar esa infinita luz, hemos nacido.
Entonces sabemos que existe en nosotros una dimensión de ser absolutamente feliz, tan guardada y segura que nadie ni nada tiene poder para perturbarla. Usted lleva dentro sí mismo una casi infinita felicidad, toda suya, toda disponible para usted. Si quiere disfrutara baje dentro de sí a ese refugio a donde la perturbación no puede llegar, allá en el límite de sur con el Ser divino.

martes, 19 de abril de 2011

Semana Santa

Es un tiempo bueno para pensar en el poder del amor

Es un tiempo de profunda reflexión, no de profunda tristeza. Podemos mirar al crucificado. Recordar lo atroz de aquel tipo de muerte. Podemos y, diría yo, debemos mirar su dolor, su agonía, su muerte. Quien allí sufre, está allí por amor, roto el corazón por la piedad hacia el hombre que anda a ciegas por este mundo buscando felicidad a la vez que huye de ella. Estaba allí haciendo lo mejor que se podía hacer, dar su vida en favor de quienes amaba.
Miramos la cruz, instrumento de muerte, la cruz cruel, criminal, anulación completa de la dignidad del hombre. Nadie podrá desear la cruz, ni buscarla, porque nadie deberá nunca buscar la ignominia, la destrucción de su dignidad humana, por poca que tenga. Los judíos no crucificaban, sólo los romanos y otros pueblos endurecidos. Por eso fue necesario que Jesús fuera condenado a morir en la cruz por el poder romano Si desea saber hasta dónde fue inmenso el amor de Dios, anidado en el corazón de Jesús, mire el crucifijo.
Si el amor es alegría, si el amor es expresión de lo más bello del ser humano, quien amaba tanto, ¿cómo estaba allí? ¿Cómo se sentía aquel maestro de amor colgado ahí, en la cruz afrentosa?
La humillación era real, macabra, la sangre se derramaba, la sed y el dolor ya ofuscaban su conciencia. Pero todavía escucha, todavía percibe el mundo que lo rodea. A su corazón desangrado llega la petición del otro crucificado que le dice: “Acuérdate de mi cuando estés en tu reino”. Y desde la fuerza invencible del amor le responde: “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en mi reino”.
¡Qué espectáculo tan feliz, tan dichoso! Alguien se muere en una cruz por amor de mí, aunque yo estaba bien lejos. Quizá me atreva a decir, si es lo máximo que alguien puede hacer, dar su vida como prueba de su amor, ahora cuando lo hace, ¿cómo se sentirá? Debo decirlo: se sentirá morir feliz mostrando su amor ilimitado.
¡Qué extraño lenguaje oímos aquí! Por odio ustedes me matan, por amor de ustedes yo muero lleno de amor, yo muero feliz.

miércoles, 9 de marzo de 2011

CUARESMA



Se dice que la cuaresma es un tiempo de conversión y debe serlo. ¿En qué quiere usted convertirse? Obviamente, en una persona feliz. Como hemos dicho aquí repetidamente, la felicidad está constituida por la experiencia sostenida de paz, alegría y amor. Esta es la voluntad de Dios y no puede ser de otra manera. Nosotros creemos en un solo Dios Padre todopoderoso creador. La perfección infinita de su ser es desbordamiento eterno de amor y de esa corriente hemos nacido nosotros, no para sufrir, sino para ser felices. Aún en medio de las calamidades de este mundo imperfecto, podernos y debemos ser felices con lo que ahora tengamos.
Quizá sea este un buen tiempo para examinar nuestras creencias fundamentales. ¿Cree usted que puede ser feliz con lo que ahora tiene, incluso si es cáncer? Quizá esté usted a miles de kilómetros de creer tal cosa. Pues este es un tiempo bueno para echar a andar en esa dirección. ¿Cree usted que su felicidad es algo absolutamente incondicionado? Posiblemente usted crea que su felicidad está condicionada por muchas circunstancias, que de no darse, usted solo puede ser infeliz. Yo lo llamo a la conversión: conviértase en una persona que cree que su felicidad es un absoluto incondicionado.
La felicidad es la manera de ser absolutamente usted mismo, no se enajene de sí, no se aleje del ser que es, vaya a su encuentro, en lo más interior de sí mismo se encontrará con la luz infinitamente feliz de su espíritu inmortal. El cuerpo es motivo de muchas satisfacciones, cierto, pero la felicidad es propiedad de su espíritu inmutable. Todavía no hemos resucitado, claro está, mas también ahora podemos acceder a esa interioridad nuestra esencialmente feliz.
Lo normal es vivir vueltos hacia afuera, ajenos de los tesoros que llevamos con nosotros, y así llenamos nuestra mente de sombras, demasiado lejos de nuestra luz para verla, andamos entristecidos por todas estas cosas que se han de acabar para siempre. Este es un tiempo de conversión. Yo le invito a que se convierta, a que se vuelva un creyente en sí mismo, río de paz, fuente de alegría, creado para el gozo eterno de Dios que ya lleva en sí. Este es un tiempo bueno para convertirse en una persona feliz.